El 5 de agosto, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. anunció que el secretario del HHS, Robert F. Kennedy Jr., canceló casi US$500 millones en subvenciones y 22 contratos federales para el desarrollo de vacunas de ARNm, deteniendo así la inversión del gobierno en una de las tecnologías médicas más transformadoras del siglo XXI. La decisión, que forma parte de lo que el HHS denominó una 'desvinculación coordinada' bajo la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA, por sus siglas en inglés), termina o reestructura docenas de proyectos de vacunas con empresas e instituciones como Pfizer, Moderna, Sanofi y la Universidad Emory.
Según el comunicado emitido por Kennedy: 'Revisamos la ciencia, escuchamos a los expertos y actuamos. La Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado cancela 22 inversiones en el desarrollo de vacunas de ARNm porque los datos muestran que estas vacunas no protegen eficazmente contra infecciones de las vías respiratorias superiores como la COVID-19 y la gripe'.
Las declaraciones de Kennedy, en consonancia con su férrea postura antivacunas, son manifiestamente falsas y tendrán consecuencias potencialmente letales, ya que socavan aún más la capacidad del mundo para desarrollar vacunas dirigidas ante el surgimiento de otra epidemia, cuando el tiempo apremia para producir estos tratamientos y administrar las vacunas.
La decisión ha generado una ola de alarma entre científicos y líderes de salud pública. Los expertos advierten que desmantelar los esfuerzos de desarrollo de ARNm podría comprometer la preparación para pandemias y el progreso biomédico. El epidemiólogo Michael Osterholm la calificó como 'la decisión más peligrosa en salud pública' que ha visto en cinco décadas, advirtiendo que ralentizará el rápido despliegue de vacunas necesario en futuros brotes. La Premio Nobel de 2023, Katalin Karikó, cuyo trabajo sentó las bases de la tecnología del ARNm, afirmó que el razonamiento de Kennedy era 'falso, basado en información falsa' y advirtió que el progreso científico global en el desarrollo de vacunas ha sufrido un retroceso 'tremendo'. El exdirector de BARDA, Rick Bright, comparó la decisión con 'desmantelar el departamento de bomberos porque el fuego está extinguido', calificándola de 'fracaso estratégico' que podría costar vidas en la próxima crisis.
Conviene repasar las contribuciones cruciales que las vacunas contra la COVID-19, en particular las de ARNm, han hecho durante la pandemia, las cuales se estima que han salvado millones de vidas en todo el mundo.
Un estudio histórico publicado en The Lancet Infectious Diseases reveló que, tan solo en el primer año de vacunación (de diciembre de 2020 a diciembre de 2021), las vacunas evitaron aproximadamente 14,4 millones de muertes, según las muertes por COVID-19 reportadas. Al considerar el exceso de mortalidad, esa cifra asciende a 19,8 millones, lo que representa una reducción del 63 por ciento en las muertes a nivel mundial. Estos beneficios fueron especialmente pronunciados en países con amplio acceso a las vacunas y una alta tasa de vacunación, muchos de los cuales dependían principalmente de vacunas de ARNm.
En Estados Unidos, donde las vacunas de ARNm fueron la columna vertebral de la campaña nacional, un modelo del Commonwealth Fund estimó que las vacunas evitaron 3,2 millones de muertes y 18,5 millones de hospitalizaciones, a la vez que ahorraron al sistema sanitario estadounidense más de un billón de dólares en costos. Un estudio separado publicado en JAMA Network Open encontró que en los primeros diez meses de disponibilidad de la vacuna, incluida la ola Delta (desde diciembre de 2020 hasta septiembre de 2021), las vacunas contra la COVID-19 evitaron aproximadamente 235.000 muertes, 1,6 millones de hospitalizaciones y 27 millones de infecciones en todo el país.
Los beneficios de las vacunas de ARNm se extendieron más allá de la reducción de la mortalidad. Los ensayos clínicos y los datos de la práctica clínica demostraron que su eficacia era de entre el 90 por ciento y el 95 por ciento en la prevención de la infección sintomática causada por las variantes tempranas, e incluso mayor en la prevención de la enfermedad grave y la muerte. Si bien la protección contra la infección disminuyó con la aparición de las variantes ómicron, las formulaciones de refuerzo actualizadas ayudaron a mantener una alta protección contra la hospitalización. La adaptabilidad de la plataforma de ARNm permitió actualizaciones rápidas de las formulaciones de las vacunas, una característica crucial en futuras respuestas a pandemias.
En cuanto a la seguridad de las vacunas, Robert F. Kennedy Jr. ha sido una de las voces más destacadas en la difusión de desinformación sobre las vacunas de ARNm, alineándose a menudo con activistas antivacunas y teóricos de la conspiración. Ha afirmado falsamente que las vacunas contra la COVID-19 son 'la vacuna más mortal jamás fabricada' y ha sugerido repetidamente, sin pruebas científicas creíbles, que causan daños generalizados, como la muerte, la infertilidad y el daño neurológico. Estas afirmaciones no solo son falsas, sino peligrosamente engañosas. En realidad, la seguridad de las vacunas de ARNm está respaldada por un volumen sin precedentes de datos globales recopilados durante los últimos cinco años.
Desde su lanzamiento a finales de 2020, las vacunas de ARNm contra la COVID-19 se han administrado a miles de millones de personas en todo el mundo y se han sometido a la vigilancia de seguridad más intensiva en la historia de la medicina. En Estados Unidos, sistemas federales de monitoreo como VAERS, V-safe y el Enlace de Datos de Seguridad de las Vacunas han monitoreado continuamente los resultados en tiempo real. Sus hallazgos confirman que los efectos secundarios más comunes, como dolor en los brazos, fatiga, fiebre leve y dolor de cabeza, son predecibles y de corta duración. Los eventos adversos poco frecuentes, como la miocarditis en varones jóvenes, se han estudiado cuidadosamente, se han reportado de forma transparente y se ha descubierto que son mucho menos frecuentes que las complicaciones graves de la propia COVID-19.
El éxito de la tecnología de vacunas de ARNm durante la pandemia de COVID-19 demostró su potencial como plataforma flexible y de respuesta rápida para el desarrollo de vacunas contra diversas enfermedades infecciosas. A diferencia de las vacunas tradicionales que introducen patógenos debilitados o inactivados, las vacunas de ARNm transmiten instrucciones genéticas a las células del cuerpo, incitándolas a producir proteínas virales específicas que desencadenan una respuesta inmunitaria. Este proceso no solo reduce los plazos de fabricación, sino que también permite una rápida adaptación a las nuevas amenazas para la salud. La misma base científica que permitió la rápida creación de vacunas seguras y eficaces contra la COVID-19 se está aplicando ahora a dianas más complejas, como el VIH.
Por ejemplo, un reciente ensayo clínico de fase uno, exploró el uso de la tecnología de ARNm en el desarrollo de una vacuna preventiva contra el VIH. El ensayo probó dos versiones de una posible vacuna contra el VIH: una que flotaba libremente y otra anclada a las membranas celulares, para imitar mejor la forma en que el virus se manifiesta en el cuerpo. La versión anclada tuvo un mejor rendimiento, impulsando respuestas inmunitarias más fuertes, incluyendo la producción de anticuerpos protectores y células de memoria que ayudan al cuerpo a reconocer y combatir el virus. Este prometedor resultado demuestra que la tecnología de las vacunas de ARNm puede activar con éxito partes clave del sistema inmunitario, un avance alentador en la búsqueda urgente de una vacuna contra el VIH.
En 2024, alrededor de 40,8 millones de personas en todo el mundo vivían con VIH, y el año pasado se registraron 630.000 muertes relacionadas con el sida. Esta prolongada epidemia continúa afectando de forma desproporcionada a los grupos marginados. África subsahariana sigue siendo la región más afectada, especialmente entre mujeres y niñas. Factores socioeconómicos, como la pobreza, el bajo nivel educativo, la precariedad habitacional y el acceso deficiente a la atención médica, aumentan el riesgo de infección y muerte, lo que revela la profunda relación del VIH con la desigualdad.
Los ataques políticos a las vacunas de ARNm amenazan con descarrilar la investigación en salud pública y socavar toda la infraestructura sanitaria. Tendrán importantes consecuencias a largo plazo para la salud de la población, además de amenazar con el riesgo de enfermedades infecciosas emergentes.
Particularmente desastroso es el ataque a los Institutos Nacionales de Salud por parte de su nuevo líder, instalado por Trump y Kennedy. El Dr. Jay Bhattacharya ha puesto fin a los programas de investigación de vacunas contra el VIH, incluidos los esfuerzos de Moderna basados en ARNm.
Esa decisión se anunció formalmente a finales de mayo de 2025 e implicó la suspensión de los ensayos clínicos realizados a través de la Red de Ensayos de Vacunas contra el VIH (HVTN), la rescisión de los contratos para las unidades de prueba de vacunas en primates no humanos y la implementación de cambios en la contabilidad de subvenciones que, en la práctica, impiden la financiación continua de la investigación sobre vacunas contra el VIH. La medida fue condenada por científicos federales en lo que se conoce como la 'Declaración de Bethesda '. La declaración también criticó los drásticos recortes de la administración a la inmunización, el tratamiento de la COVID persistente y la investigación de enfermedades infecciosas, argumentando que estas decisiones se basan en ideologías políticas más que en la ciencia.
El impacto de la cancelación de los contratos de las vacunas de ARNm será de gran alcance y potencialmente catastrófico. Cabe recordar que, durante el primer año de la pandemia, antes de la introducción de las vacunas, la tasa de mortalidad de las personas de clase trabajadora de bajos ingresos en EE.UU. era cinco veces mayor que la de las personas de clase alta (72,2 por 100.000 frente a 14,6 por 100.000). A nivel mundial, las personas de bajos ingresos, las minorías étnicas marginadas, los trabajadores esenciales, los migrantes, las personas encarceladas y quienes se enfrentan a la falta de vivienda se enfrentaron a las consecuencias más duras. La pandemia de COVID expuso plenamente el impacto social de la desigualdad.
Es imperativo que la clase trabajadora —incluyendo científicos, investigadores y profesionales de la salud pública— reconozca que el vasto acervo de conocimiento científico, construido a lo largo de generaciones de esfuerzo colectivo, pertenece a la humanidad. La operación de demolición bajo el mando del charlatán anticientífico Kennedy no es una cuestión de restricción presupuestaria ni de reevaluación científica, sino un acto calculado por parte de la élite gobernante para despojar a la sociedad de sus medios de defensa contra las enfermedades, fomentar el atraso y la histeria fascista, y silenciar la ciencia basada en la evidencia. Estos recortes no son simplemente erróneos. Son una declaración de guerra política y social contra la clase trabajadora, los enfermos, los pobres y los vulnerables. Si no se les opone resistencia, costarán vidas, no en abstracto, sino en salas de hospital abarrotadas, en empleos de primera línea sin protección y en el impacto catastrófico de la próxima pandemia prevenible.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de agosto de 2025)
