La invasión estadounidense flagrantemente ilegal de Venezuela, cuyo objetivo es saquear sus recursos, está dejando por completo en evidencia al gobierno de coalición PSOE–Sumar en España. Incluso cuando crece la indignación entre los trabajadores en España y a nivel internacional contra la guerra, Madrid se está alineando cínicamente con las mentiras belicistas de Trump. Oponerse a la ofensiva contra Venezuela plantea de manera urgente la tarea de movilizar a la clase trabajadora de forma independiente de las burocracias sindicales y de los partidos pseudoizquierdistas que orbitan en torno al gobierno español
Por supuesto, ahora que la operación de cambio de régimen estadounidense está en marcha y el presidente Nicolás Maduro ha sido secuestrado y llevado a Nueva York, Madrid hace llamamientos a la paz. “España ha hecho un llamamiento a la desescalada y la moderación, instando a que cualquier acción respete el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas' declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores español en un comunicado durante el fin de semana.
Sin embargo, su comunicado no criticó la agresión estadounidense contra Venezuela, ofreciendo en cambio sus servicios diplomáticos para ayudar a llevar a cabo la operación de cambio de régimen de Washington: “España está dispuesta a prestar sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada a la actual crisis. España recuerda que no ha reconocido los resultados de las elecciones [últimas elecciones venezolanas] del 28 de julio de 2024 y siempre ha apoyado las iniciativas para alcanzar una solución democrática para Venezuela.”
Los llamamientos de España a la “moderación” son un intento repugnante de distanciar verbalmente a Madrid de la guerra ilegal de Washington, que enfrenta una gran oposición en la clase trabajadora española, al tiempo que se posiciona para hacerse con una parte de los recursos petroleros y minerales en caso de que la guerra de cambio de régimen de Trump obtenga éxitos iniciales.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, reiteró esta posición en un tuit en reacción a la conferencia de prensa de Trump del sábado. Tras un bloqueo naval de un mes contra Venezuela, que incluyó decenas de ataques y dejó 100 muertos —en su mayoría pescadores—, las fuerzas estadounidenses lanzaron bombardeos aéreos contra objetivos civiles y militares en Venezuela, invadieron el país y secuestraron a Maduro. Trump se comprometió a “dirigir” Venezuela y a controlar su producción petrolera hasta que se produzca una “transición de poder”, y amenazó con un “segundo ataque mucho mayor” si Caracas se niega a aceptar el cambio de régimen.
En respuesta, Sánchez repitió en un tuit que 'España no reconoció al régimen de Maduro', añadiendo patéticamente: 'Pedimos a todos los actores que piensen en la población civil, que respeten la Carta de Naciones Unidas y que articulen una transición justa y dialogada'.
Trump no está respetando la Carta de la ONU ni negociando una transición justa, sino que se propone violar y saquear Venezuela.
Sánchez también advirtió que la guerra podría empujar “a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”, reflejando preocupaciones que van mucho más allá de Venezuela. De hecho, Madrid es muy consciente de que la guerra liderada por Estados Unidos amenaza sus propios beneficios e intereses estratégicos en Venezuela.
El capital español pretende seguir obteniendo beneficios de un país donde operaron más de 100 empresas españolas y donde las inversiones directas españolas superaron los 20.000 millones de euros.
América Latina representa más del 30 % del stock de inversión extranjera directa española en el exterior —aproximadamente equivalente a toda su inversión en la Unión Europea—, al tiempo que constituye el 8 % de la inversión extranjera directa que entra en España. Empresas españolas como la petrolera Repsol, bancos como BBVA y la gigante de telecomunicaciones Telefónica podrían perder miles de millones de dólares si las compañías estadounidenses llegan a controlar Venezuela.
La respuesta de Madrid refleja el miedo dentro del gobierno PSOE-Sumar sobre la erupción de una oposición de masas contra la guerra entre los trabajadores de Europa y América. Más de 4 millones de personas que viven en España nacieron en América Latina. La oposición a décadas de golpes y dictaduras respaldados por Estados Unidos y Europa en América Latina está profundamente arraigada en la clase obrera internacional. Pero es imposible oponerse al intento de Trump de saquear Venezuela a través de cualquiera de los partidos del régimen capitalista en España, como Sumar o Podemos.
Este fin de semana, la vicepresidenta del Gobierno y líder de Sumar, Yolanda Díaz, declaró en las redes sociales: “Nuestra firme condena a esta agresión imperialista a Venezuela. El mundo es menos seguro y libre desde que Trump y la internacional del odio actúan impunemente. Siempre estaremos con el derecho internacional y la paz”
¡Qué fraude! Bajo los gobiernos PSOE-Podemos y luego PSOE–Sumar, España no buscó la paz, sino la mayor militarización desde la Guerra Civil Española de 1936-1939. Solo en 2025, el gasto militar real de España superó los 65.000 millones de euros, más de cuatro veces la cifra oficialmente reconocida por el gobierno, aproximadamente el 4,1 por ciento del PIB. El gasto total militar y en seguridad interna está previsto que aumente aún más en 2026, superando los 80.000 millones de euros.
Además de proporcionar suministros militares para el genocidio israelí en Gaza, los gobiernos PSOE-Podemos (2019-2023) y luego PSOE-Sumar (2023-presente) canalizaron miles de millones de euros en armas a Ucrania en medio de la guerra de la OTAN con Rusia. La invasión ilegal de Estados Unidos a Venezuela pone al descubierto el pretexto político de esta guerra y la política de remilitarización europea, según la cual la OTAN debía supuestamente luchar por la democracia y la paz frente a la agresión rusa, como una mentira política.
Sumar surgió como una escisión de Podemos, del que se separaron cuando sectores de Podemos abandonaron el gobierno a medida que la complicidad de Madrid en el genocidio de Gaza se hacía más conocida. Sin embargo, hoy sigue cumpliendo su función política principal: trabajar para bloquear una lucha independiente de la clase trabajadora contra el imperialismo.
Este fin de semana, la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, denunció a Estados Unidos, declarando que Estados Unidos “piensa que el mundo es suyo y que puede hacer con sus pueblos lo que le dé la gana. No lo podemos permitir. Mi rechazo más profundo a este ataque a Venezuela. España es un país de paz. Rompamos relaciones con EE. UU. y salgamos de la OTAN antes de que sea tarde”.
De manera similar, Irene Montero, que fue ministra de igualdad durante el gobierno del PSOE-Podemos (2019-2023) y actualmente es una de las principales diputadas de Podemos en el Parlamento Europeo, escribió: “Trump bombardea Venezuela. EE. UU. es un peligro. O les paramos o arrasarán con todo. España es un país de paz y el Gobierno debe romper toda alianza con EE. UU., empezando por la OTAN Todo mi apoyo a Venezuela. Una vez más, no más guerras por petróleo”.
Aunque muchas figuras del establishment gobernante español temen que el imperialismo estadounidense pueda volverse militarmente contra ellos también, Montero no está llamando a construir un movimiento en la clase trabajadora contra la guerra imperialista o la alianza de la OTAN. Más bien, intenta distanciarse de su papel como pieza clave de la OTAN con mentiras absurdas sobre España como un 'país de paz'. La clase trabajadora española quiere la paz, pero el historial del imperialismo español bajo Podemos y luego Sumar no ha sido pacífico. Más bien, estos partidos han demostrado representar sectores proguerras de la clase media acomodada.
¿Cuál es el historial de Podemos en el gobierno? Junto con el PSOE, aumentaron el gasto militar y libraron la guerra por delegación de la OTAN contra Rusia, enviando cientos de millones de euros en ayuda financiera y militar al régimen ultraderechista de Ucrania, incluidos misiles antitanque españoles enviados al batallón neonazi Azov. Terminaron su mandato en el gobierno desplegando buques de guerra españoles para patrullar junto a un grupo de portaaviones estadounidenses en el Mediterráneo oriental durante el genocidio de Gaza.
Cuando se desataron huelgas masivas contra la inflación en España, por parte de trabajadores del metal o camioneros, Podemos se sentaba en el gobierno mientras enviaba a la policía antidisturbios para atacar a los huelguistas.
Lo que Podemos evita mencionar en sus críticas a Estados Unidos es la clase trabajadora estadounidense. La guerra contra Venezuela está ligada a los planes acelerados de Trump de desplegar fuerzas militares para amenazar las protestas de masas en las principales ciudades de EE. UU. Las protestas “No Kings” en noviembre congregaron a más de siete millones de personas en las calles de Estados Unidos contra Trump. Pero las denuncias cínicas y vacías de Podemos hacia Washington excluyen deliberadamente cualquier llamamiento a la oposición masiva dentro de Estados Unidos.
Solo la formación de organizaciones de base de lucha en la clase trabajadora, independientes de las burocracias sindicales vinculadas al PSOE, Podemos y Sumar, puede ofrecer un marco para llevar a cabo la tarea estratégica que plantea el giro del imperialismo hacia guerras de saqueo descaradas: unir a los trabajadores de Europa, Estados Unidos, América Latina e internacionalmente en la lucha contra el imperialismo y el sistema capitalista que produce la guerra. Esto requiere, ante todo, la construcción de una vanguardia trotskista en la clase trabajadora, luchando por el socialismo dentro de la clase obrera contra partidos como Sumar y Podemos.
(Publicado originalmente en inglés el 4 de enero de 2026)
