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Perspectiva

La crisis diplomática ucraniano-polaca por colaboración con nazis desenmascara la guerra de la OTAN contra Rusia

Representantes de organizaciones ultraderechistas se enfilan en la calle durante una protesta contra la Marcha Igualitaria “KyivPride”, Kiev, Ucrania, 21 de junio de 2026 [AP Photo/Dan Bashakov]

La crisis diplomática por la promoción por parte del presidente ucraniano Volodímir Zelenski de las fuerzas antipolacas que colaboraron con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial está delatando las mentiras políticas con las que las potencias imperialistas de la OTAN han envuelto su guerra indirecta con Rusia en Ucrania. El régimen patrocinado por la OTAN en Ucrania no es un defensor de la democracia y la independencia nacional, sino un instrumento del imperialismo que descansa sobre fuerzas de extrema derecha.

A finales de mayo, Zelenski emitió un decreto otorgando a una unidad militar en servicio activo el título honorífico de “Héroes de la UPA”. Esto hacía referencia al Ejército Insurgente Ucraniano (UPA, todas las siglas en ucraniano), el brazo militar de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), que colaboró con la invasión de la Unión Soviética por parte de la Alemania nazi. La OUN y sus miembros en la policía auxiliar nazi participaron en el genocidio de los judíos soviéticos, incluida la masacre de Babi Yar en Kiev en 1941. Muchos de estos hombres pasaron a formar el UPA, que persiguió a los partisanos prosoviéticos en Ucrania y llevó a cabo un genocidio de polacos en Volinia, en la actual Ucrania occidental.

El 19 de junio, el presidente polaco de extrema derecha Karol Nawrocki despojó a Zelenski del más alto honor estatal de Polonia, la Orden del Águila Blanca, que Polonia otorgó a Zelenski un año después de la invasión rusa de Ucrania, en 2023. Nawrocki dijo que después de haber “señalado repetidamente” las preocupaciones de su gobierno al gobierno de Zelenski, su “posición no ha cambiado”. Sin embargo, agregó, “los hechos no son objeto de negociación” y “al menos 100.000 ciudadanos polacos fueron asesinados por el UPA”.

El régimen de Zelenski respondió denunciando a Varsovia y redoblando su promoción de las fuerzas genocidas pronazis. Zelenski devolvió su medalla a Polonia por correo. Kyrylo Budanov, jefe de inteligencia militar de Ucrania (HUR) y ahora jefe de la oficina presidencial, dijo el 20 de junio que había renunciado a la Cruz de Oficial de Oro de la Orden del Mérito de Polonia, acusando que en Polonia “el volante del odio se gira irrazonable y artificialmente contra nuestros ciudadanos”.

Como resultado, hoy, en el 85º aniversario de la invasión nazi de la Unión Soviética, está en marcha una campaña de propaganda a pleno pulmón defendiendo a Zelenski y al UPA. Los expresidentes ucranianos Leonid Kuchma, Viktor Yushchenko y Petro Poroshenko han prometido devolver sus condecoraciones de la Orden del Águila Blanca en solidaridad con Zelenski. El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, denunció las críticas de Varsovia como un “error estratégico del que solo Moscú se beneficia”.

Sybiha defendió la promoción de la UPA por parte de Zelenski vinculando la actual guerra de Ucrania contra Rusia, respaldada por la OTAN, con la guerra de aniquilación de Hitler contra la Unión Soviética. Las declaraciones ucranianas de apoyo a la UPA, afirmó absurdamente, “no tenían absolutamente ninguna intención antipolaca”. En cambio, argumentó Sybiha, el objetivo era “honrar a aquellos que, de manera similar, hace muchos años, lucharon contra el Moscú imperial, la ocupación bolchevique-comunista”.

La Operación Barbarroja, la invasión nazi de la Unión Soviética, fue la expresión más horrible de la contrarrevolución imperialista contra la Revolución de Octubre y la clase obrera. Fue una guerra de aniquilación, planeada para crear Lebensraum para el imperialismo alemán mediante el aniquilamiento del “judeo-bolchevismo” a través del hambre, el trabajo esclavo y el asesinato masivo de judíos, partisanos y comunistas. Para cuando la maquinaria de guerra nazi fue aplastada, 27 millones de ciudadanos soviéticos estaban muertos.

Zelenski puede defender y legitimar a las fuerzas colaboracionistas nazis en la Unión Soviética solo porque sabe que cuenta con el apoyo para esta operación de las principales potencias imperialistas de la OTAN. Al mismo tiempo que Washington, Berlín y las demás potencias de la OTAN vertían miles de millones de dólares en el régimen ucraniano, en los años anteriores y posteriores a la invasión rusa de 2022, el régimen ucraniano rehabilitó sistemáticamente a los colaboradores fascistas de la Segunda Guerra Mundial.

Se cambiaron nombres de calles por el del líder de la OUN Stepan Bandera, y el Parlamento y el mando militar ucranianos han celebrado públicamente el cumpleaños de Bandera. Formaciones abiertamente neofascistas como el Batallón Azov, cuyas insignias toman prestado directamente de las Waffen SS, fueron plenamente integradas en las fuerzas armadas y celebradas por los medios occidentales como defensoras de la “democracia”.

Días antes del decreto del UPA, el gobierno de Zelenski repatrió y volvió a enterrar los restos de Andriy Melnyk —un líder de la OUN y colaborador nazi que había solicitado a Hitler el derecho a unirse a la “cruzada contra la barbarie bolchevique”— en el Cementerio Militar Nacional de Kiev. El propio Zelenski elogió a Melnyk como “profundamente respetado”, declarando que Ucrania estaba construyendo un “panteón de héroes nacionales”. El New York Times describió a esta figura manchada de sangre como un “héroe divisivo del siglo XX”.

La intensificación de la glorificación del fascismo es una expresión de la profundización de la crisis de la guerra subsidiaria de la OTAN y del colapso del apoyo popular al régimen. En estas condiciones, la oligarquía gobernante redobla la apuesta por una historia nacional falsificada para fabricar una mitología chovinista con la que empujar a los trabajadores y jóvenes a una guerra catastrófica.

El giro hacia los héroes de la OUN va de la mano con el giro hacia formas dictatoriales de gobierno. El propio mandato legal de Zelenski como presidente expiró en mayo de 2024, sin embargo, se aferra al poder bajo la ley marcial, habiendo prohibido los partidos de oposición, suprimido los sindicatos independientes y proscrito cualquier oposición a la guerra desde la izquierda.

Mientras el régimen de Zelenski construye un panteón de colaboradores nazis, encarcela a quienes se oponen a la guerra desde la izquierda. Bogdan Syrotiuk, un joven trotskista ucraniano y dirigente de la Guardia Joven de Bolcheviques-Leninistas, fue secuestrado por el Servicio de Seguridad de Ucrania en abril de 2024 y acusado de alta traición, que conlleva de 15 años a cadena perpetua, por artículos publicados en el World Socialist Web Site. Él se opone a la guerra desde una posición socialista e internacionalista, tanto contra el gobierno respaldado por la OTAN en Kiev como contra el régimen de Putin en Moscú. Más de dos años después, permanece en prisión preventiva en Nikolaev, su salud deteriorándose, mientras el Estado que lo encarcela honra a los asesinos de Volinia como héroes nacionales.

En toda Europa, las clases dominantes imperialistas están rehabilitando a los colaboradores de los nazis, reviviendo el militarismo y falsificando la historia del siglo XX para preparar nuevas guerras. El mismo proceso está en marcha en Alemania, que lanzó la guerra de exterminio contra la Unión Soviética en 1941 y una vez más se está rearmando y reviviendo sus tradiciones militaristas.

Los estudiantes, trabajadores e intelectuales que se oponen al genocidio en Gaza son tachados de antisemitas, expulsados de sus campus, despedidos de sus trabajos, arrestados y deportados. La acusación de antisemitismo se ha convertido en un arma contundente contra toda oposición a la guerra imperialista. Sin embargo, los mismos gobiernos que lanzan esta calumnia contra los opositores al asesinato masivo están vertiendo armas a un régimen que erige monumentos a los hombres que llevaron a cabo asesinatos masivos.

El 85º aniversario de la Operación Barbarroja es una advertencia. Las mismas potencias imperialistas que una vez armaron a Hitler contra la Unión Soviética están armando nuevamente a las fuerzas más reaccionarias de Europa del Este contra Rusia, en una guerra que amenaza con estallar en un conflicto abierto entre Estados con armas nucleares.

El conflicto entre Varsovia y Kiev es un desacuerdo entre dos gobiernos capitalistas, ambos subordinados a la OTAN y ambos enemigos de la clase obrera. Subrayando que, por ahora, todo debe subordinarse al esfuerzo bélico conjunto, el primer ministro polaco Donald Tusk declaró recientemente respecto a la controversia: “La cooperación sirve al interés de ambos Estados y naciones, mientras que el conflicto sirve a los intereses de Moscú”.

Los trabajadores no pueden defender ni al régimen de Zelenski ni a sus patrones polacos y de la OTAN. Contra la rehabilitación de Bandera y la persecución de los socialistas, la clase obrera internacional debe avanzar su propio programa: la unidad de los trabajadores ucranianos, polacos, rusos y de todos los países contra sus propias clases dominantes y la guerra imperialista que están librando. Esta es la lucha dirigida por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, que exige la libertad inmediata de Bogdan Syrotiuk. La lucha contra la guerra y el fascismo es la lucha por el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de junio de 2026)

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