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Los temores sobre el dólar impulsan una operación de rescate del yen entre EE. UU. y Japón

La gente pasa junto a un tablero electrónico que muestra el índice Nikkei de Japón en una correduría de valores de Tokio el lunes 3 de agosto de 2026. [AP Photo/Eugene Hoshiko]

El viernes pasado, el Tesoro de EE. UU. se unió al Ministerio de Finanzas de Japón en una operación para tratar de apuntalar el valor del yen, que había caído a sus niveles más bajos en 40 años a pesar de las decenas de mil millones de dólares gastados desde abril para tratar de respaldarlo.

Como prácticamente todo lo que dice, los comentarios del presidente de EE. UU., Trump, sobre la intervención estadounidense dieron la vuelta a la realidad.

Cuando se le preguntó el domingo por qué Estados Unidos había intervenido —la primera acción conjunta de este tipo en 30 años—, Trump respondió: «Para apoyar la moneda japonesa. Tenemos una buena relación con Japón. Somos muy fuertes —muy, muy fuertes financieramente— y… ellos tienen un yen que se está debilitando, y querían un poco de ayuda, y siempre estamos ahí para Japón».

También fue «bueno para la economía mundial», afirmó.

La imagen de Trump como una especie de guardián benevolente de la economía y el sistema financiero mundiales, después de haber pasado su segundo mandato desmantelando las instituciones que mantenían la estabilidad —sobre todo con medidas que han afectado a Japón—, no concuerda con la realidad.

De hecho, la intervención se llevó a cabo por temor a sus repercusiones en el sistema financiero estadounidense. La principal preocupación era que las continuas medidas de las autoridades japonesas para apoyar al yen, que implicaban una mayor venta de dólares, hicieran bajar el precio de los bonos del Tesoro de EE. UU. y elevaran sus rendimientos, lo que aumentaría la presión al alza sobre las tasas de interés estadounidenses.

La tan cacareada «fortaleza» del sistema financiero estadounidense que tanto presume Trump queda desmentida por la escalada vertiginosa de su deuda.

A finales de 2020, la deuda federal de EE. UU. rondaba los 27,7 billones de dólares. En junio de este año era de 39,5 billones de dólares. Ha estado aumentando a un ritmo de 334 millones de dólares por hora, o 93.000 dólares por segundo, lo que significa que se agrega un billón de dólares cada cinco meses, con una factura anual de intereses que supera el billón de dólares.

La entrada de capital extranjero a EE. UU. ha desempeñado un papel clave en la financiación de esta explosión de la deuda, pero existe una preocupación creciente sobre cuánto tiempo continuará esto, ya que las tres principales agencias de calificación crediticia del mundo han rebajado a EE. UU. de su categoría de primera clase.

Japón es actualmente el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de EE. UU., con un saldo de 1,2 billones de dólares. Además, cuenta con 1,2 billones de dólares en acciones estadounidenses y alrededor de 300 mil millones de dólares en bonos corporativos, lo que eleva su tenencia total de activos financieros estadounidenses a casi 3 billones de dólares. Si se retiraran grandes cantidades de este dinero, podría provocar turbulencias en los mercados financieros de EE. UU.

Un factor clave en la rápida caída del valor del yen —que en los últimos días ha llegado a cotizar a 164 yenes por dólar estadounidense, su nivel más bajo en 40 años— es la divergencia entre las tasas de interés en Japón y el resto del mundo.

Japón ha mantenido sus tasas de interés en niveles ultrabajos en un intento por estimular la economía. Esto no causó problemas para la moneda mientras las tasas de interés fijadas por otros bancos centrales también se mantenían muy bajas. Sin embargo, estas últimas han ido subiendo, y se prevén más aumentos debido al resurgimiento de la inflación, mientras que la tasa japonesa solo ha subido al 1 por ciento, en comparación con el 3,5 por ciento en Estados Unidos.

El gobierno japonés ha estado tratando de frenar la caída del yen porque esta eleva los precios de las importaciones —en particular del petróleo, la energía y los alimentos— y aumenta la inflación. En los últimos meses ha estado amenazando a los especuladores que apuestan por una caída continuada del yen con advertencias de que tomará «medidas enérgicas» para detener la caída y con compras en el mercado. Sin embargo, estas medidas han tenido poco impacto.

Se estima que, en la intervención conjunta del viernes con Estados Unidos, Japón gastó 52,8 mil millones de dólares, mientras que el gasto de Estados Unidos se calculó en 26,3 mil millones de dólares. Pero, en una señal de preocupación por el valor del dólar, la intervención estadounidense se llevó a cabo utilizando euros para comprar la moneda japonesa.

La medida surtió efecto, y el yen se fortaleció de 164 por dólar a 155. Pero cuánto tiempo durará esto es otra cuestión, ya que este tipo de medidas tienen un historial poco satisfactorio en cuanto a la estabilización del mercado.

En un intento por reforzar la intervención, ambos gobiernos emitieron declaraciones en las que afirmaron que se tomarían medidas adicionales si fuera necesario.

En una declaración el lunes, la ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, dijo: « «Esta acción conjunta… contrarrestó la volatilidad excesiva y los movimientos desordenados del yen japonés en los últimos meses. No dudaremos en llevar a cabo nuevas intervenciones conjuntas».

En una medida que reflejó preocupación por el mercado de bonos, Katayama señaló que Japón utilizaría una línea de crédito de la Reserva Federal para préstamos a corto plazo. Esto le permitiría obtener dólares prestados para sus operaciones cambiarias, en un contexto en el que el rendimiento de los bonos estadounidenses a 30 años alcanzó la semana pasada su nivel más alto desde 2007.

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, quien antes de que se anunciara la medida había sido fotografiado en una reunión del gabinete con una nota frente a él que decía «Por hacer. Comprar yenes japoneses (JPY) de 5 a 10 mil millones de dólares», declaró en las redes sociales que las «medidas coordinadas en el mercado de divisas contrarrestaron los movimientos desordenados del yen» y que el Tesoro «no dudaría en participar en nuevas intervenciones conjuntas».

Katie Martin, del Financial Times, calificó de «muy extraño» un comunicado del Tesoro de EE. UU. en el que se anunciaba la medida y la decisión de llevarla a cabo utilizando euros.

«Es increíblemente raro que un país ayude a otro de esta manera», escribió. Martin se preguntó: «¿Dónde está la volatilidad? La caída del yen frente al dólar ha sido perfectamente ordenada».

Su desconcierto plantea la pregunta de qué sabían tanto las autoridades estadounidenses como las japonesas sobre los graves problemas que podrían haber salido a la luz si la caída hubiera continuado.

Japón ha estado en el centro del llamado «carry trade», en el que los inversionistas piden dinero prestado a una tasa más baja en Japón y luego lo utilizan para comprar activos en Estados Unidos. En el pasado, esta actividad se ha visto significativamente afectada por los movimientos cambiarios en cualquier dirección.

A principios del mes pasado, mientras se desarrollaba la caída del yen, un artículo en el Asia Times señaló los problemas más profundos que esto podría reflejar.

Según el artículo, durante décadas, el sistema financiero global había dado por sentado que Estados Unidos acumularía más deuda mientras que países como Japón continuarían financiándola, pero este acuerdo ahora comenzaba a resquebrajarse.

La caída del yen japonés solía presentarse como un problema interno de Japón, pero el debilitamiento del yen podría ser la manifestación de un problema estructural capaz de sacudir los mercados globales, «poniendo de manifiesto vulnerabilidades no solo en Tokio, sino también en Washington».

«Irónicamente», continuaba, «lo que comienza como una crisis monetaria en Asia podría convertirse en una crisis de deuda en Estados Unidos. El mayor peligro no es simplemente la caída del yen; es la posibilidad de que uno de los mayores acreedores de Estados Unidos ya no esté dispuesto —o no pueda— financiar el creciente exceso fiscal estadounidense».

Artículo publicado originalmente en inglés el 4 agosto de 2026)

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