Los resultados de la elección primaria demócrata del martes en Míchigan confirman que el sentimiento popular en Estados Unidos se está desplazando bruscamente hacia la izquierda, en oposición a la administración Trump y sus políticas de guerra, recortes en los servicios sociales y afianzamiento del dominio de la oligarquía multimillonaria.
El resultado más importante fue la victoria del doctor Abdul El-Sayed en la primaria demócrata para el Senado de EE.UU. El-Sayed derrotó a la legisladora Haley Stevens, quien contaba con el respaldo de todo el establishment del partido, incluidos el senador saliente Gary Peters y la gobernadora Gretchen Whitmer, y que disfrutaba de una ventaja de 13 a 1 en gasto de campaña. De los más de 70 millones de dólares desplegados a favor de Stevens —lo que convierte a esta en la primaria demócrata al Senado más cara en la historia de EE.UU.—, más de 30 millones provinieron del Comité Estadounidense de Asuntos Públicos Israelí (AIPAC) y su súper PAC afiliado.
El resultado produjo algo cercano al pánico dentro de la clase dominante. Proliferaron los comentarios preocupados en los medios corporativos. Trump denunció a El-Sayed como 'comunista'. Y el miércoles por la noche, la cuenta oficial de la Casa Blanca en X declaró: 'El comunismo es la mayor amenaza para nuestro país'.
La histeria resulta reveladora. El-Sayed no es socialista. Se describe a sí mismo como 'capitalista' y se postula como candidato del Partido Demócrata. Lo que se ha apoderado de la clase dominante no es el temor a la victoria de El-Sayed, sino a lo que subyace en ella: el crecimiento del sentimiento anticapitalista y socialista entre las masas de trabajadores y jóvenes.
El-Sayed, nacido en el área metropolitana de Detroit, hijo de inmigrantes musulmanes egipcios, fue directo al calificar de genocidio a las operaciones militares israelíes en Gaza. Atacó repetidamente a Stevens por aceptar dinero de AIPAC y otros grupos prosionistas, convirtiendo ese respaldo financiero en una losa política. Obtuvo amplios márgenes en ciudades universitarias como Ann Arbor y East Lansing, escenario de protestas combativas contra las atrocidades israelíes, además de ganar en zonas con importantes poblaciones árabe-estadounidenses y musulmanas, incluidas Dearborn y Hamtramck en el área de Detroit, y Grand Rapids en el oeste de Míchigan.
Hizo un llamado directo sobre cuestiones económicas, exigiendo 'sacar el dinero de la política' y mantener 'dinero en tu bolsillo', así como 'Medicare para todos'. Contó con el respaldo de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés). El senador Bernie Sanders hizo campaña por él, al igual que dos legisladoras del DSA en el Congreso, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib.
La campaña movilizó un apoyo popular considerable, con más de 12.000 voluntarios, muchos de ellos jóvenes, que tocaron un estimado de 200.000 puertas. Para la tarde del miércoles se habían contado más de 1.528.000 votos, un aumento de más del 60 por ciento respecto a los 934.000 votos emitidos en la primaria demócrata al Senado de 2024.
Otros tres candidatos que se identifican como socialistas o de izquierda ganaron contiendas primarias en Míchigan para otros cargos. Donavan McKinney, legislador estatal y miembro del DSA, derrotó al congresista demócrata en ejercicio Shri Thanedar, un multimillonario ejecutivo farmacéutico que ha ocupado durante dos períodos el escaño que cubre la mayor parte de la ciudad de Detroit. Thanedar gastó cinco veces más que McKinney.
En el Séptimo Distrito Congresional, centrado en Lansing, la capital del estado, y East Lansing, sede de la Universidad Estatal de Míchigan, el ambientalista Will Lawrence, cofundador del Movimiento Sunrise y exmiembro del DSA, ganó la nominación demócrata para enfrentarse al legislador republicano en ejercicio Tom Barrett. Lawrence derrotó a dos rivales provenientes del aparato militar-de-inteligencia, el exmiembro retirado de los SEAL de la Marina Matt Maasdam y la exembajadora en Ucrania Bridget Brink. Y en la ciudad de Ann Arbor, el socialista demócrata Yousef Rabhi derrotó al alcalde en ejercicio desde hace mucho tiempo, Christopher Taylor.
Estos resultados expresan no solo hostilidad hacia el genocidio en Gaza y hacia la guerra de Trump en Irán, que cuenta con el respaldo de la dirigencia del Partido Demócrata. Es, sobre todo, una respuesta a la profundización de la crisis social dentro de Estados Unidos. Míchigan es un ejemplo particularmente grave, con una destrucción continua de empleos en la industria automotriz, todavía la industria más importante del estado. Míchigan, que alguna vez fue líder en cuanto al nivel de vida de la clase obrera, ocupa hoy el puesto 37 en desempeño económico general, el 40 en desempleo de largo plazo, el 29 en educación, el 31 en esperanza de vida y el 39 en satisfacción general con la vida. Una encuesta reciente de U.S. News and World Report situó a Míchigan en el puesto 46 de los 50 estados, con base en 71 indicadores agrupados en ocho categorías, entre ellas salud, educación, economía, infraestructura y medio ambiente natural.
Ambos partidos capitalistas son responsables de este declive de largo plazo. Pero un papel crítico lo ha desempeñado el sindicato United Auto Workers (UAW), que ha impuesto contratos con recortes salariales, cierres de plantas, salarios de varios niveles, la proliferación del trabajo a tiempo parcial y la creación de condiciones mortales de explotación laboral. El respaldo del UAW a El-Sayed —destinado a darle a la burocracia una cobertura de izquierda— tuvo poco impacto electoral. El-Sayed perdió en todos los condados a lo largo del corredor de la I-75, que durante mucho tiempo han sido el centro de la industria automotriz: Wayne, Oakland, Macomb, Genesee (Flint), Saginaw y Bay.
Los resultados de la primaria de Míchigan refuerzan el impacto de las primarias demócratas congresionales de junio en Colorado y la ciudad de Nueva York, en las que cuatro candidatos respaldados por el DSA obtuvieron nominaciones, tres de ellos derrotando a demócratas en ejercicio desde hacía mucho tiempo.
El WSWS comentó tras esas votaciones: 'La narrativa oficial de la política estadounidense durante el último siglo se ha sostenido sobre la afirmación de que Estados Unidos es el único país donde el apoyo al socialismo estaba permanentemente descartado. Esa narrativa se está derrumbando'.
La semana pasada, tras la publicación de una serie de encuestas de opinión que confirmaban el creciente apoyo al socialismo en Estados Unidos, escribimos:
Esto constituye una confirmación de un principio básico del marxismo: que el ser social determina la conciencia social. El Partido Socialista por la Igualdad anticipó precisamente este desarrollo. Su programa de 2010 afirmaba que 'el cambio en las condiciones objetivas' —la profundización de la crisis del capitalismo estadounidense y mundial— 'llevará a los trabajadores estadounidenses a cambiar de opinión' respecto del socialismo. Lo que entonces era una proyección científica se ha convertido en un fenómeno amplio.
Los representantes de la oligarquía financiera, tanto demócratas como republicanos, son plenamente conscientes del peligro que este crecimiento del apoyo al socialismo representa para el sistema de ganancias y para su riqueza y su poder.
La dirigencia demócrata ha calibrado desde hace tiempo al DSA y sabe que no son Sanders ni AOC quienes amenazan al capitalismo, sino la clase obrera y la nueva generación de jóvenes. Los demócratas están reclutando febrilmente a exagentes militares y de inteligencia como candidatos al Congreso, para fortalecer el control del Estado. Hay muchos más exagentes de la CIA, oficiales militares retirados y exfuncionarios del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional postulándose como demócratas en 2026 que miembros del DSA u otros que se declaran (falsamente) socialistas.
En cuanto a Trump y los republicanos, están respondiendo al giro hacia la izquierda con una caza de brujas anticomunista al estilo de McCarthy y con amenazas. Trump reiteró la calumnia de que Detroit 'es una de las zonas de votación más corruptas de Estados Unidos, si no del mundo... ¡Es puro Tercer Mundo!'. El Comité Nacional Republicano de Senadores publicó un anuncio digital que atacaba a El-Sayed como 'el candidato al Senado más radical de Estados Unidos', usando su nombre completo, Abdulrahman Mohammed El-Sayed, en una apelación transparente a la islamofobia.
El martes, el Departamento de Justicia anunció que enviaría observadores electorales para vigilar los centros de votación en Detroit, Hamtramck, Lansing y East Lansing, 'para garantizar la transparencia, la seguridad de las boletas y el cumplimiento de la ley federal'. Aunque las cuatro ciudades son fuertemente demócratas, la procuradora general adjunta, Harmeet Dhillon, afirmó que el DOJ estaba llevando a cabo un 'monitoreo uniforme y no discriminatorio'.
Un gobierno que responde a una elección primaria con histeria anticomunista y 'observadores electorales' federales es un régimen que se prepara para ataques mucho más amplios contra los derechos democráticos, incluidas, potencialmente, maniobras para clausurar las elecciones de 2026.
Las aspiraciones que llevaron a cientos de miles de personas a las urnas —el fin del genocidio y la guerra, de la desigualdad social, de la dictadura del dinero sobre la vida política— no pueden materializarse a través del Partido Demócrata. El-Sayed y el DSA funcionan no para hacer avanzar este movimiento, sino para contenerlo, canalizando la oposición de vuelta hacia el mismo partido de la guerra y de Wall Street contra el cual se dirige.
Lo que se requiere es la organización política independiente de la clase obrera. El mayor apoyo al socialismodebe convertirse en un movimiento socialista consciente, que una a los trabajadores de toda raza y nacionalidad en la lucha contra el propio sistema capitalista, fuente de la guerra, la dictadura y la miseria social.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de agosto de 2026).
