El rendimiento de los bonos del Tesoro de EE. UU. a 10 años superó ayer el nivel del 5 por ciento en medio de una continua ola de ventas de bonos a nivel mundial que no da señales de remitir, impulsada por las preocupaciones sobre la inflación, el impacto de la guerra en Irán y el aumento de la deuda. Otro factor es el mayor endeudamiento de las empresas tecnológicas para financiar la continua expansión de la inteligencia artificial.
Subió durante el día hasta alcanzar un máximo del 5,01 por ciento, antes de retroceder ligeramente al cierre de la sesión hasta el 4,98 por ciento. Sin embargo, parece que el repunte continuará, ya que el rendimiento de los bonos a 10 años ha subido por séptimo mes consecutivo. Ha aumentado un punto porcentual completo desde el inicio de la guerra en Irán.
El aumento en Estados Unidos ha tenido un impacto global: el rendimiento de los bonos a 10 años del Reino Unido, conocidos como “gilts”, subió hasta el 5,44 por ciento —su nivel más alto desde 2007— antes de retroceder ligeramente. El rendimiento de la deuda pública alemana también subió.
La última vez que la tasa de los bonos estadounidenses a 10 años superó el 5 por ciento fue en octubre de 2023. Sin embargo, se mantuvo en ese nivel solo un día. La tasa de los bonos a 10 años constituye la referencia para todos los mercados estadounidenses y para sus principales contrapartes a nivel mundial. La última vez que se mantuvo de manera constante por encima del 5 por ciento fue en 2007, antes de la crisis financiera mundial.
Esto ha dado lugar a algunos comentarios de que el aumento de las tasas es la “normalización” del sistema financiero tras las tasas ultrabajas, cercanas a cero, que prevalecieron en la década de 2010 y a principios de la de 2020. Sin embargo, dichos comentarios ignoran los profundos cambios de los últimos 20 años —una medida de los cuales es la expansión del mercado de bonos del Tesoro de EE. UU., donde se compra y se vende deuda pública—.
Una cosa es pagar un 5 por ciento cuando la deuda es mucho menor y otra muy distinta es cuando hay que pagarlo sobre un monto mucho mayor, como sabe muy bien cualquier familia que intente saldar una hipoteca.
El mercado de bonos del Tesoro se ha disparado de alrededor de 4 billones de dólares en 2007 a más de 32 billones de dólares en la actualidad. La deuda de EE. UU. en ese momento rondaba los 9 billones de dólares. Ahora ha aumentado a más de 40 billones de dólares, acelerándose cada año y duplicando su nivel de hace una década. La factura anual de intereses, de alrededor de 1 billón de dólares, se está convirtiendo rápidamente en la partida más importante del presupuesto de EE. UU., un síntoma revelador de su creciente crisis económica y financiera. Los comentarios de los analistas de mercado y los inversionistas indican que consideran significativo el hecho de que se haya superado el nivel del 5 por ciento.
En declaraciones al Financial Times (FT), Jack Ablin, de Cresset Wealth Advisors, dijo: “El rendimiento de los bonos a 10 años en estos niveles activa una señal en algún lugar. Este es un momento al que hay que prestar atención”.
Señaló que las tasas hipotecarias en EE. UU. subirían —han aumentado a casi el 6,8 % en las últimas semanas— y harían que “el capital fuera más caro” para las empresas.
Scott Chronert, de Citi, dijo al FT que el nivel del 5 por ciento era una “línea en la arena” y que esperaba cierta “perturbación” en el mercado de valores.
En su informe sobre el aumento del rendimiento a 10 años, el Wall Street Journal lo describió como un “hito crucial que está obligando a los inversionistas a enfrentarse a la pregunta de si el mercado de bonos está entrando en una nueva era”.
Greg Peters, de PGIM Credit, dijo al WSJ que el único catalizador que veía para que las tasas bajaran era lo que él denominó una “buena recesión a la antigua”.
“Las condiciones están más que presentes para un entorno de rendimientos más altos o que se mantengan altos”.
Hubo varios factores inmediatos que desencadenaron el aumento, entre ellos el repunte del precio del petróleo a alrededor de 109 dólares por barril y las cifras de inflación de agosto en EE. UU., que no mostraron ningún movimiento a la baja hacia la tasa objetivo del 2 por ciento establecida por la Reserva Federal de EE. UU. Pero el problema estructural fundamental es el nivel de deuda pública y el aumento de los pagos de intereses, que ahora se estima en un total de 2 billones de dólares anuales en los países de la OCDE, integrada por 38 miembros.
El aumento del rendimiento a 10 años supone un nuevo revés para los esfuerzos del secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, por reducir las tasas en el segmento de plazo más largo del mercado. Bessant lanzó un plan de recompra para elevar las compras de bonos del Tesoro del nivel habitual de 2 mil millones de dólares por operación hasta un máximo de 6 mil millones de dólares. Sin embargo, cuando se llevó a cabo la semana pasada, los precios de los bonos siguieron cayendo y los rendimientos subieron.
Como dijo Ajay Rajadhyaksha, presidente de investigación de Barclays, al FT: “Esto nos indica que las medidas tomadas por el Departamento del Tesoro, como las recompras —que ahora se han incrementado considerablemente—, no han funcionado. No se trata de un problema de liquidez. Se trata de que Estados Unidos ha emitido demasiada deuda durante demasiado tiempo”.
Señaló que la venta masiva de bonos a largo plazo ejerce una presión adicional sobre la Reserva Federal para que suba su tasa de interés cuando se reúna a finales de esta semana, en lo que sería la primera subida desde 2023.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, se encuentra atrapado entre las exigencias del presidente de EE. UU., Trump, de que se bajen las tasas —Trump volvió a publicar esta semana en las redes sociales que EE. UU. debería tener las tasas más bajas del mundo— y las exigencias de los mercados financieros, sobre todo del mercado de bonos, de que el banco central tome medidas significativas para reducir la inflación.
Con su discurso de tono algo agresivo en el encuentro de Jackson Hole a finales del mes pasado, en el que expresó su determinación de combatir la inflación y señaló que aún no veía una caída consistente en los precios, Warsh parece haberse quedado sin otra salida que subir las tasas.
Los indicadores del mercado muestran que los operadores ven una probabilidad superior al 90 por ciento de que la Fed suba su tasa el miércoles.
“Si no suben la tasa, se desatará el caos”, dijo a Bloomberg Ed Al-Hussainy, administrador de carteras de Colombia Threadneedle. Esto se debe a que los rendimientos de los bonos a largo plazo se dispararían debido a los mayores riesgos de inflación, explicó.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de septiembre de 2026)
