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Perspectiva

De Ontario a Burdeos y Spokane: la crisis climática en escalada y la lucha por el socialismo

https://www.wsws.org/en/articles/2026/08/04/dzcw-a04.html [AP Photo]

Más de 65.000 personas han sido evacuadas de Spokane, Washington, mientras un complejo de incendios forestales arrasa barrios de la clase obrera y provoca el desplazamiento de aproximadamente uno de cada cuatro residentes de la ciudad. Por segunda vez en dos semanas, una gran ciudad podría arder en llamas, mientras el cambio climático inducido por el capitalismo continúa sin freno.

La crisis climática mundial es cada vez más grave. Los incendios de comienzos de este año en Canadá y el norte de Minnesota, los incendios que arden actualmente en África y Oriente Próximo, y los incendios en el sur de Europa que amenazaron con arrasar Burdeos, son otros ejemplos de los eventos climáticos extremos de la actualidad. Todos son resultado del carácter anárquico de la producción capitalista, sobre todo de las industrias de combustibles fósiles, que arrojan gases de efecto invernadero a la atmósfera terrestre a un ritmo sin precedentes.

Y el calentamiento se está agravando. Un estudio reciente del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático encontró que, durante la última década, la temperatura superficial promedio de la Tierra ha aumentado aproximadamente 0,35 °C, en comparación con poco menos de 0,2 °C por década entre 1970 y 2015. Este cálculo se realizó tras eliminar los efectos de El Niño, las erupciones volcánicas y los ciclos solares, y aparece en cinco importantes conjuntos de datos de temperatura mundial con más del 98 por ciento de certeza estadística.

El complejo de incendios de Spokane es uno de los peligros emergentes. Está compuesto por los incendios Old Trails, Autumn Lane y Fairview, que se iniciaron en la tarde del 1 de agosto y se propagaron rápidamente por la ciudad impulsados por vientos con ráfagas de entre 56 y 72 kilómetros por hora. Al 3 de agosto, el complejo había quemado aproximadamente 3.248 hectáreas, con un 0 por ciento de contención, destruyendo unas 700 estructuras. El comandante del incidente, Tom Clemo, declaró al Spokesman-Review: “Probablemente, el incendio más grande y destructivo en la historia de Washington ocurrió ayer por la tarde”.

Los barrios más afectados, Indian Trail, Balbo y comunidades del noroeste y norte de Spokane, son predominantemente de clase obrera. Unos 5.000 hogares estaban bajo órdenes de evacuación. Los pacientes y el personal del Centro Médico VA Mann-Grandstaff fueron evacuados, y la instalación cerró. Más de 400 personas se refugiaron en el Centro de Convenciones de Spokane. Las autoridades advierten que el número de estructuras destruidas aumentará a medida que las cuadrillas accedan a las zonas quemadas.

Los trabajadores también enfrentan una calidad del aire cada vez más peligrosa. El índice de calidad del aire de Spokane alcanzó hoy 218, “no saludable”, y se espera que mañana llegue a 300 o más, “peligroso”. En estos niveles, incluso salir a la calle para tareas mundanas y rutinarias pone a los trabajadores en riesgo de dificultad respiratoria y aumenta el riesgo de ataques de asma, enfermedad pulmonar, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y más. El humo se ha extendido por buena parte de América del Norte, llegando hasta Nevada por el sur, hasta Minneapolis por el este, y bien adentro de Columbia Británica y Alberta. Miles de bomberos de todo el país, así como de Australia, han viajado hasta el este de Washington para combatir el incendio.

Al mismo tiempo, el gobernador de Washington, Bob Ferguson, demócrata, emitió una servil declaración en redes sociales, anunciando su conversación con el presidente Donald Trump para acceder a “ayuda federal”, afirmando que Trump había “expresado su preocupación por la gente de Washington”. Ferguson remató su reverencia escribiendo que “agradecía profundamente que el presidente se hubiera tomado el tiempo para tener esta conversación”.

Trump, en realidad, ha pasado buena parte de una década haciendo campaña para desmantelar incluso los intentos más mínimos de combatir el cambio climático. En su primer mandato, sacó a Estados Unidos de los Acuerdos de París de 2015, y ha sido un defensor constante de revivir las plantas de carbón en todo el país. También encabezó la revocación del “Endangerment Finding” —el dictamen de peligrosidad sobre el cambio climático— de la Agencia de Protección Ambiental, abriendo la puerta a eliminar aún más restricciones sobre la capacidad de las corporaciones para contaminar la atmósfera y destruir la ecología del planeta.

Y mientras Trump ha tomado medidas muy activas que efectivamente aceleran el cambio climático, ha purgado precisamente a los científicos que han estado dando la voz de alarma sobre las consecuencias del calentamiento global. Esto incluye advertencias de que el calor récord, las sequías prolongadas y la acumulación de combustible forestal producirán incendios cada vez más devastadores.

En Washington, esto se ha manifestado en que el estado sufre sequía por cuarto año consecutivo. Como resultado, el Servicio Meteorológico Nacional emitió el sábado su primera alerta de “Situación Particularmente Peligrosa” para el este de Washington. Más de 1.000 incendios han quemado aproximadamente 182.000 hectáreas en todo el estado en 2026, la peor temporada desde 2021. Al 3 de agosto, entre 15 y 17 grandes incendios ardían sobre 101.000 a 106.000 hectáreas. El incendio de Sinlahekin triplicó su tamaño, cortó la electricidad a cerca de la mitad del condado de Okanogan, y permanece con un 0 por ciento de contención.

El incendio de Kaiser Canyon, en la Reserva Colville, ha quemado más de 52.000 hectáreas, destruyendo viviendas, unos 120 sitios arqueológicos y una iglesia shaker, todo lo cual representa pérdidas culturales inmensas para las tribus Colville y para la humanidad en su conjunto.

La destrucción en los barrios de clase obrera y de tribus indígenas contrasta brutalmente con la riqueza que podría servir de base para combatir los incendios y tomar medidas contra el cambio climático. Amazon, Microsoft, Starbucks y Boeing tienen su sede en Washington o sus raíces allí, y oligarcas como Bill Gates, Steve Ballmer y Jeff Bezos tienen cada uno un patrimonio neto de más de 100.000 millones de dólares. Las fortunas combinadas de los multimillonarios con cargos estatales empequeñecen el costo de cualquier respuesta de emergencia concebible, de cualquier inversión en infraestructura de bomberos o de cualquier programa de adaptación climática. Sin embargo, los trabajadores de Spokane duermen en catres en el centro de convenciones, esperando saber si sus hogares todavía existen.

Y esto no es nada comparado con la solicitud de presupuesto militar de 1,5 billones de dólares de Trump para la guerra en Irán y otras guerras en el exterior. Se gastan billones más en rescates a los bancos y las grandes corporaciones tras cada gran choque económico.

El desmantelamiento de los recursos contra incendios y la falta de acción frente al cambio climático son enteramente bipartidistas. Los incendios forestales, huracanes y otros eventos climáticos extremos se volvieron predominantes bajo la administración Obama, que no proporcionó el financiamiento necesario para desarrollar infraestructura más resistente al clima, mientras que Biden no hizo nada por revertir la trayectoria reaccionaria establecida durante el primer mandato de Trump, que socavó la investigación climática y desmanteló las protecciones necesarias para los trabajadores. Fue bajo Biden, en 2023, cuando el humo de incendios forestales asfixió a la ciudad de Nueva York, de la misma manera en que Detroit y Chicago sufrieron hace apenas unas semanas.

Sin embargo, algo más fundamental es la contradicción subyacente inherente al propio capitalismo. El cambio climático es un fenómeno intrínsecamente global, que no puede resolverse mientras Estados nación rivales compitan por mercados, recursos y rutas comerciales. Incluso los esfuerzos aparentes por mitigar el cambio climático, en la forma de créditos de carbono, se han convertido en un activo financiero con el cual la oligarquía se enriquece.

La única solución real puede provenir de la clase obrera, la única fuerza social genuinamente internacional del planeta, y la única históricamente capacitada para derrocar la causa subyacente del cambio climático: el capitalismo. Esto debe formar parte de un programa y una perspectiva internacionales dirigidos a abolir el sistema socioeconómico que prioriza la ganancia privada y a reemplazarlo por uno que utilice la riqueza generada por el trabajo colectivo de la clase obrera para satisfacer las necesidades humanas.

La colosal riqueza de la burguesía, así como la de los bancos y las grandes corporaciones, debe ser expropiada y utilizada para la compensación total de cada familia que haya perdido su hogar o sus pertenencias, sin importar su situación de seguro; para la requisición de emergencia de viviendas vacías con el fin de albergar a los desplazados; para la protección de ingresos de todos los trabajadores que no puedan trabajar debido a las evacuaciones; y para la movilización inmediata de todo recurso contra incendios disponible, sin restricción alguna por costos. Los incendios que arden hoy son producto del capitalismo. Extinguirlos de manera permanente requiere el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de agosto de 2026).

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