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El jueves, el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., anunció despidos masivos y la destrucción de amplias secciones de la infraestructura de salud pública, como parte del inédito asalto de Trump contra los trabajadores federales y los servicios públicos.
Un comunicado de prensa del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) expuso planes para implementar una “reestructuración drástica de acuerdo con la orden ejecutiva del presidente Trump, ‘Implementación de la Iniciativa de Optimización de la Fuerza Laboral del ‘Departamento de Eficiencia Gubernamental’ del presidente’”.
Los recortes incluyen lo siguiente:
- reducción del personal del HHS en un 25 por ciento, de 82.000 a 62.000 empleados;
- consolidación de 28 divisiones departamentales en 15 bajo una nueva Administración para una América Saludable (AHA, por sus siglas en inglés); y
- cierre de cinco de las 10 oficinas regionales del HHS.
Alegando que la reducción de personal “ahorrará a los contribuyentes 1.800 millones de dólares al año”, el comunicado indica que se eliminarán 10.000 empleos de tiempo completo. Los otros 10.000 puestos provendrán de trabajadores que aceptaron jubilación anticipada y ofertas de renuncia voluntaria ofrecidas por Trump y el multimillonario Elon Musk, jefe de DOGE, a principios de marzo.
En una hoja informativa complementaria, el HHS dijo que los recortes provendrán de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), con 3.500 empleos de tiempo completo eliminados; los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), con 2.400 empleos eliminados; los Institutos Nacionales de Salud (NIH), con 1.200 empleos; y los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS), con 300 empleos.
La magnitud y el alcance generalizado de los recortes dejan claro que lo que ahora impulsan Trump, DOGE y Kennedy no es menos que el desmantelamiento del HHS en un esfuerzo por destruir lo que queda del sistema público de salud en Estados Unidos. En particular, el ataque contra los CDC y los NIH demuestra que los fascistas en la Casa Blanca buscan eliminar todos los obstáculos restantes a la propagación de enfermedades infecciosas y virus mortales entre la población.
En una declaración en video publicada en X, Kennedy justificó el ataque a la salud pública y las principales agencias sanitarias federales planteándolo como una “paradoja”. Dijo que la población sufre tasas crecientes de enfermedades crónicas y cáncer, y que EE.UU. ocupa el último lugar entre 40 países desarrollados en términos de salud, “pero gastamos dos o tres veces más per cápita que esos países”.
Kennedy señaló la caída constante de la esperanza de vida en EE.UU., diciendo que los estadounidenses viven seis años menos que los europeos. Sin embargo, lo hizo sin mencionar la pandemia de COVID-19 ni la respuesta criminal tanto de la administración Trump como de la de Biden, que condujo al exceso de muertes de casi 1,5 millones de estadounidenses y aceleró el desplome de la esperanza de vida de 78,9 años en 2014 a 76,1 años en la actualidad, una caída del 3,5 por ciento que borró los avances desde 1996.
Kennedy culpó de la alarmante situación sanitaria a una “burocracia desmesurada” y afirmó: “Cuando llegué, descubrí que más de la mitad de nuestros empleados ni siquiera se presentaban a trabajar”, culpando esencialmente a los trabajadores de las agencias sanitarias del gobierno federal por la crisis. Kennedy concluyó sus comentarios con el absurdo de que los recortes están destinados a “hacer que Estados Unidos vuelva a estar saludable”, la frase orwelliana de la administración Trump para enfermar y matar a sectores cada vez más amplios de la población.
Una evaluación honesta y crítica del sistema sanitario estadounidense revela que la caída de la esperanza de vida y el aumento de las enfermedades crónicas y el cáncer no son ninguna paradoja, sino la consecuencia de la subordinación del derecho de la población a una atención médica gratuita y de alta calidad al sistema de ganancias y a los grandes consorcios sanitarios, farmacéuticos y aseguradores.
Kennedy prosiguió diciendo:
Como parte de la iniciativa de reducción de plantilla de DOGE impulsada por el presidente Trump, vamos a racionalizar el HHS y hacer que nuestra agencia sea más eficiente y eficaz. Vamos a infundir en la agencia un sentido claro de misión para mejorar radicalmente la salud de los estadounidenses y la moral de los empleados.
A pesar de su estrategia de relaciones públicas, Kennedy ofreció un atisbo de la realidad de lo que implicará esta “reducción de personal”, señalando que este “será un período doloroso para el HHS”. Afirmó que “estamos muy enfocados en eliminar administradores excesivos”, y añadió: “Vamos a eliminar toda una sopa de letras de departamentos y agencias”.
Sin dar detalles, Kennedy afirmó que se preservarían de algún modo los “valores fundamentales” del HHS mientras se desmantelaba el departamento. Como todo lo que se ha anunciado por parte de Trump y DOGE, sus alegatos fraudulentos de eliminar “desperdicio, fraude y abuso” en el gobierno federal encubren la intención de privatizar los servicios públicos, mientras que el “ahorro para el contribuyente” es un eufemismo para recortar los impuestos de la oligarquía financiera mientras las condiciones de vida de la clase trabajadora continúan deteriorándose.
La respuesta de expertos en salud pública a los anuncios del HHS de Kennedy fue rápida y contundente. Por ejemplo, el defensor contra la COVID-19 Dr. Lucky Tran escribió en X:
No importa cómo lo disfracen, despedir a 20.000 trabajadores federales de salud no va a Hacer Saludable a Estados Unidos Otra Vez, lo va a enfermar aún más.
La exadministradora de los Centros de Medicare y Medicaid (CMS), Chiquita Brooks-LaSure, dijo en una declaración:
Cuando se lanza una bola de demolición contra una agencia como CMS, se está lanzando contra las personas que se encargan en todo el país de que nuestros padres y abuelos reciban atención segura y asequible a medida que envejecen. Se lanza contra pacientes con cáncer que necesitan que se cubra un tratamiento nuevo e innovador. Se lanza contra madres y recién nacidos que están en el momento más crítico de sus vidas.
Que los ataques de Kennedy y DOGE contra el HHS no tienen nada que ver con mejorar la salud pública ni la calidad de la atención médica en EE.UU. quedó demostrado el miércoles, cuando el departamento canceló abruptamente más de 12.000 millones de dólares en subsidios federales a los estados destinados a seguimiento de enfermedades, servicios de salud mental, tratamiento de adicciones y otros problemas urgentes de salud.
Según un informe del New York Times del miércoles, los recortes paralizarán a los departamentos de salud estatales, que ya enfrentan un financiamiento deficiente y luchan con los desafíos de enfermedades crónicas, infecciones crecientes como el sarampión y la amenaza de la gripe aviar.
El informe del Times dice:
Los departamentos de salud estatales comenzaron a recibir notificaciones el lunes por la noche de que los fondos, asignados durante la pandemia de COVID-19, estaban siendo cancelados con efecto inmediato. “No se pueden realizar más actividades ni incurrir en más costos relacionados con estos fondos”, decían los avisos.
Mientras tanto, un estudio del Commonwealth Fund y la Escuela de Salud Pública del Instituto Milken de la Universidad George Washington estima que los recortes de DOGE a Medicaid provocarán la pérdida de 477.000 empleos en el sector sanitario solo en 2026. La Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó en febrero una ley presupuestaria que prevé recortes de 880.000 millones de dólares en los próximos 10 años, la mayoría provenientes de Medicaid.
Como han hecho con todos los ataques anteriores contra la fuerza laboral federal, los demócratas apelan a sus “colegas” republicanos fascistas para actuar contra Trump y el líder de DOGE, Musk. Por ejemplo, la congresista demócrata de Colorado Diana DeGette, miembro de más alto rango del Subcomité de Salud del Comité de Energía y Comercio, y el congresista demócrata de Nueva Jersey Frank Pallone Jr. hicieron un llamado a los republicanos para evitar los recortes, escribiendo en un comunicado:
Ya es hora de que los republicanos en el Congreso responsabilicen a esta administración por las consecuencias de estas decisiones cortoplacistas. Los republicanos tienen la responsabilidad de ayudarnos a detener estos recortes catastróficos antes de que entren en vigor.
Mientras tanto, en una muestra de sumisión absoluta ante la eliminación de 20.000 empleos del HHS, el presidente de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales (AFGE), Everett Kelley, dijo:
AFGE está preparando una acción legal inmediata y luchará sin descanso para proteger nuestros derechos, a nuestros miembros y a todos los trabajadores estadounidenses ante estos ataques sin precedentes.
En otras palabras, la burocracia sindical de la AFGE está bloqueando la movilización del inmenso poder de sus 820.000 afiliados para enfrentar este ataque sin precedentes contra el personal federal.
Para oponerse a la guerra creciente contra la salud pública y la ciencia, los trabajadores de todas las agencias del HHS deben construir nuevas organizaciones de lucha: comités de base independientes de la burocracia sindical de la AFGE. Estos comités deben establecer vínculos con otros trabajadores federales, así como con la clase trabajadora más amplia en Estados Unidos e internacionalmente, para llevar adelante una lucha unificada contra la deriva hacia la dictadura fascista y la barbarie. La Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) está encabezando este movimiento, y urgimos a todos los trabajadores federales bajo ataque a unirse a sus filas.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de marzo de 2025)
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